Luces de París IV

14 marzo 2013

VISITA AL MUSEO DE LOUVRE


   Amaneció un día soleado y París lucía resplandeciente, devolviéndonos la imagen que teniámos de la ciudad y que los días anteriores había quedado un poco empañada por la lluvia y el cielo encapotado. Y llegó el momento de despedirnos de París, la ciudad de la luz, en nuestro último día nos acercaríamos a visitar el Museo de Louvre con una de las colecciones de arte más importantes del mundo, la Victoria de Samotracia, la escultura cumbre del arte helénico, la enigmática sonrisa de la Gioconda de Leonardo da Vinci, el Escriba sentado del Antiguo Egipto con el realismo que transmite sus ojos de cristal de roca y la Venus de Milo, escultura que inmortaliza los cánones de belleza griega son algunas de las obras que alberga en su interior.




Detalle de la fachada con la lechuza y el reloj
    Cuando salimos del hotel, las calles todavía estaban casi desiertas, se respiraba un silencio que no era habitual en los días laborables, paseábamos casi solos, como si la ciudad fuese solo para nosotros por unos instantes. Caminamos nuevamente por los Grandes Bulevares hasta alcanzar la rue Vivianne que nos conduciría directamente al Louvre. En la rue Vivianne nos detuvimos ante la monumental fachada de la Bibioteca Nacional llena de simbología y que el día anterior nos había pasado desapercibida, destaca en lo más alto la imagen de una lechuza símbolo de la sabiduría, más abajo el reloj rodeado de esculturas femeninas y cómo no, el gallo el símbolo francés por antonomasia, que se observaba en la fachada y en los picaportes de la puerta de entrada. En misma rue Vivianne en el número 10, el edificio adornaba su fachada con esculturas de rostros femeninos que daban un toque señorial al inmueble.

La lechuza, símbolo de la sabiduría
Reloj rodeado de esculturas femeninas
Gallo en el picaporte de la puerta de entrada



















Escultura de rostro en el número 10 de la calle Vivianne





Patio del Palais Royal con la obra de Daniel Buren
    Atravesamos los jardines y el patio peatonal del Palais Royal con la siempre original y controvertida obra de Daniel Buren, columnas de piedra a rayas blancas y negras y así fue como llegamos a la Plaza Amalraux desde la que pudimos observar al fondo de la avenida el imponente edificio de la Ópera Garnier, con su bella fachada y destacando en lo más alto la cúpula revestida de cobre verde que lucía en todo su esplendor en el cielo azul de París.
A pocos metros del Louvre se alza el Arco de Triunfo del Carrousel, construído a principios del siglo XIX a imagen y semejanza del Arco de Constantino en Roma, para conmemorar las victorias de Napoleón, en lo más alto sobresale la cuádriga con los cuatro caballos de bronce y las cuatro columnas corintias de mármol rosa que hacían un bonito conjunto con la imagen de la omnipresente Torre Eiffel que se alzaba en la lejanía. Construída para la Exposición Universal de 1889 por el ingeniero Gustave Eiffel se ha convertido en el principal icono de París y de Francia.
La Ópera Garnier


El Arco de Triunfo del Carrusel con la Torre Eiffel




El Louvre rodeado de gente
    El Louvre, antaño antigua  fortaleza real en tiempos del rey Felipe Augusto para protegerse de las invasiones vikingas de 1190. Fue en 1527 cuando el rey Francisco I mandó construir al arquitecto de la corte Pierre Lescot una residencia real de estilo renacentista. Convertido en museo en 1793,  a lo largo de los siglos numerosas reformas y ampliaciones fueron acometidas en el Louvre, la última con la construcción de la entrada conocida como la Pirámide, edificada siguiendo las mismas proporciones que la Pirámide egipcia de Keops, logró solucionar los problemas de acceso a la entrada principal original e iluminar con la luz natural del día el área subterránea.
Cuando llegamos al Louvre esperábamos que hubiese cola, pero no tanta, superando ampliamente nuestras expectativas, lo que por un momento nos hizo dudar, la cola era muy larga motivada en gran medida porque era el primer domingo del mes y por tanto la entrada al Museo era gratuíta, pero el hecho de no tener que detenerse a adquirir la entrada hacía que la cola avanzase rápidamente. En treinta minutos accedimos al Louvre por la entrada principal, la vanguardista Pirámide de vidrio y acero obra del arquitecto Leoh Ming Pei, que contrasta con la arquitectura clásica del museo. Una vez en el interior bajamos por una escalera mecánica de caracol a un distribuidor que permite el acceso a los diferentes edificios que componen el Louvre, acompañados en todo momento de hordas de turistas deseosos de conocer los entresijos del museo.

La Pirámide obra del del arquitecto Leoh Ming Pei

En el interior de la Pirámide

   



La Victoria de Samotracia
     Más de 35.000 obras de arte forman la colección del Louvre por lo que decidimos seleccionar las piezas más destacadas que íbamos a admirar y que tanta ilusión nos hacía conocer. Comenzamos la visita en la planta primera en el ala Denon donde se encuentra coronando la monumental escalera una de las obras de arte más importantes y conocidas de la antigua Grecia, la Victoria de Samotracia, tallada en mármol, hacia el año 190 a.C. para conmemorar una de las victorias navales de la época. De autor desconocido se cree que pertenecía a la Escuela de Rodas, la escultura representa como la Victoria alada se posa sobre la proa de un navío haciendo frente al movimiento del barco y a la fuerza del viento. Quedamos absortos admirando la obra y cómo con gran realismo los pliegues de la vestimenta se pegan a la anatomía femenina de la escultura.

La Victoria de Samotracia sobre la proa de su embarcación





    También en el pabellón Denon se haya la obra pictórica más conocida del mundo y la más enigmática,  la Gioconda conocida también como la Mona Lisa obra de Leonardo da Vinci. Un halo de misterio ha rodeado siempre la popular obra, la sonrisa pícara que tantas interpretaciones ha dado , las dudas sobre quién es la modelo del retrato, quizá la esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo, el robo del famoso cuadro en 1911...Nos aproximamos a la popular pintura abriéndonos paso poco a poco entre la marabunta de curiosos que se agolpaban en la sala para admirar la obra pictórica, que se encuentra protegida por un grueso cristal.

La Gioconda tras el cristal



Paseando por los salones del Louvre




El Escriba sentado
    A continuación, recorrimos el ala Sully donde se encuentran las salas del Egipto faraónico mientras observábamos maravillados las reliquias del antiguo Egipto, papiros, estelas funerarias, sarcófagos, esculturas...en busca de otra de las joyas del Louvre, el Escriba sentado. Tallada en el siglo III a.C., fue descubierta en la neocrópolis de Saqqara, esculpida en piedra caliza policromada, nos llamó la atención el increíble realismo de su mirada. Los ojos están realizados en cuarzo blanco, ébano y cristal de roca.

El Escriba sentado con el increíble realismo de su mirada

Estela de la dama Tapéret, madera pintada, siglo X o IX a.C.






   En la planta baja del ala Sully se encuentra una de las obras maestras del final del perido helenístico, la Venus de Milo, arquetipo de los cánones de belleza griega, tallada entre el año 130 y 100 a.C. Representa a Afrodita, diosa del amor y la belleza. Esculpida en mármol blanco destaca el gran realismo con que el autor desconocido talló finamente los rasgos de la anatomía femenina, pechos, abdomen, así como los pliegues de la vestimenta de la diosa, todo ello siguiendo los parámetros de belleza de la antigua Grecia.

La Venus de Milo

Una de la salas del Louvre





Plaza de la Concorde
    Después de visitar el Louvre, llegó el momento de saborear los últimos  instantes del viaje a París, con nostalgia nos asomamos a la grandiosa e histórica Plaza de la Concorde con sus bellas fuentes y presidida por el Obelisco de Luxor con sus más de 3.000 años de antiguedad, caminamos hasta uno de los miradores del río Sena con la imagen del Puente Alexandre III, el más bonito de la ciudad con su decoración art nouveau y cómo no la última imagen de París grabada para siempre en nuestra memoria, el icono de Francia, la Torre Eiffel que se levantaba en el cielo de París. Au revoir Paris !!!

La Plaza de la Concorde con el Obelisco de Luxor y las hermosas fuentes

El Puente Alexandre III, el más bonito de la ciudad y la Torre Eiffel

24 comentarios:

  1. El louvre son de esas cosas que uno desea tener en la ciudad.
    Pasaríamos días allí dentro recorriendo sus infinitas obras.
    Nos encanta!!!

    Saludos.

    http://siemprejuntosporelmundo.blogspot.com.es

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, chicos por vuestro comentario.

      El Louvre nos gustó mucho, pero necesitaríamos mucho tiempo para visitarlo con tranquilidad, admirando sus tesoros.

      Saludos

      Eliminar
  2. No he tenido la oportunidad de ir , pero se que lo hare pronto
    de momento me conformo con leer esta gran entrada
    saluds

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, Bleid.

      El Louvre merece mucho la pena, aunque hay que seleccionar bien las obras para no volverse loco, es inmenso.

      Saludos

      Eliminar
  3. Es una gozada ver este post, porque me encanta este museo, no solo el edificio que es una maravilla, si no todos los tesoros que alberga. Es una pasada!!
    La última vez estuve el pasado mes de mayo y tengo el mejor recuerdo que te puedas imaginar. Saludos,

    Trini
    hhtp://yoadoroviajar.blogpspot.com

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Trini.

      El museo del Louvre es uno de mis preferidos, la historia del edificio, son magníficas obras, todo...

      Saludos

      Eliminar
  4. París es una de mis ciudades favoritas de Europa y yo que no soy de museos el Louvre me fascina. Cuando estuve allí me tiré un día entero dentro y bien podía haber pasado más tiempo. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Carmen, gracias por tu comentario.

      Me pasa como a ti, no soy muy de museos, pero el Louvre es muy especial, una de las visitas imprescindibles en Paris.

      Un abrazo.

      Eliminar
  5. Cómo me gustó París y tus entradas no hacen más que darme ganas de irme para allá en cuanto pueda, jeje. Es una ciudad que enamora!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Artabria.

      Paris es una ciudad fascinante, que termina enamorando.

      Saludos.

      Eliminar
  6. Un fantástico reportaje. Paris es precioso y el museo de Louvre maravilloso. Gracias a vosotros lo estamos recordando.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias cincuentones, por vuestras palabras.

      Me alegra que el post os traiga buenos recuerdos.

      Saludos

      Eliminar
  7. Que bonito todo y que recuerdos, nos has vuelto a transportar a París.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Cool.

      París es una ciudad muy hermosas, que cuenta con muchos alicientes.

      Un abrazo

      Eliminar
  8. El Museo del Louvre es mi espinita clavada en Paris, los días que pasamos por la ciudad fue una serie de catastróficas desdichas, que al final nos volvimos sin entrar, bueno miento, si que entramos por la noche pero para ver las galerías y la pirámide invertida, algo es algo, total, tocará volver :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola José Carlos,

      Un motivo más para regresar a París y ya sabes si te coincide la visita con el primer domingo del mes, puedes entrar gratis al Louvre.

      Saludos

      Eliminar
  9. Juas!, hiciste una foto a la Giocondaaa ... jajaj ... la verdad que, he estado en París 3 veces ...y sólo una he entrado al museo del Louvre, ... recuerdo que ponía NO FOTO en la Gioconda, pero ... vamos, ... tonto el último ... jejeje

    Buena entrada y muy personal!, un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Alfonso, gracias por tu comentario.

      Alfonso, ahora sí dejan fotografiar la Gioconda y las demás obras del Louvre, eso sí sin flash.

      Saludos

      Eliminar
  10. Fantastico viaje ...esperamos ya el proximo!! no parais!!
    Abazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Ana !!

      Mañana jueves comenzamos con los relatos del viaje a Venecia.

      Abrazos.

      Eliminar
  11. Despedirse de Paris visitando el Louvre es un final genial a este viaje. Todos coincidimos en que es un museo de visita obligada y te gusten o no los museos, hay que ir !!! Además, una vez que entras no te va a decepcionar, hay mucho que ver, obras de muchos estilos y épocas y otras que por sí solas ya merece la pena visitarlo. Aunque se nos puso el cielo bastante gris y plomizo cuando salimos del museo, tuvimos tiempo de despedirnos de la torre Eiffel.

    Un beso

    ResponderEliminar
  12. Ali, regresar a París después de tantos años que lo habíamos visitado, recordando los viejos lugares y redescubriendo nuevos rincones...

    Un beso.

    ResponderEliminar
  13. Al Louvre solo le pude dedicar un par de horas antes de irnos para el aeropuerto. Me gustaría volver y tirarme mínimo una mañana tranquílamente. Lo de la Gioconda es exágerado la gente que hay viéndola... es imposible observarla bien, además de por el cordón de seguridad...

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  14. No soy mucho de museos pero reconozco que el Louvre por lo menos hay que visitarlo una vez en la vida aunque solo sea para ver personalmente a la Mona Lisa, me encantó!!! La verdad es que ir un día en el que el museo sea gratis tiene que ser desesperante pero por suerte no tardasteis tanto en entrar!!! Un abrazo!!! ;-)

    ResponderEliminar