Sri Lanka, el arca de los tesoros en la antigua Ceilán

19 marzo 2019


Sri Lanka es un país sorprendente, con una naturaleza desbordante que lo inunda todo, creando paisajes inolvidables, desde los verdes campos de té, las terrazas de arroz, paisajes montañosos o llanuras de una vegetación exuberante y tropical. Pero no sólo es naturaleza, posee un patrimonio histórico-artístico inmenso, fruto de su rico pasado que ha dejado huella en muchos de los lugares que hemos visitado.

cuevas dambulla



Nuestro viaje comienza en el caótico Colombo, visitamos Pettah, siempre animado con sus concurridos mercados, entre templos y mezquitas. Desde Colombo viajamos a Galle, ciudad fortificada que conserva un cuidado casco histórico colonial de la época holandesa. Su faro presidiendo su paseo marítimo es una de sus señas de identidad, al lado de la bella mezquita y un paseo por el barrio musulmán.

mezquita roja colombo
galle colonial
galle colonial



Nuestro siguiente destino en la isla, fue las Tierras Altas, un precioso trayecto en tren nos llevó a Haputale, un pequeño pueblo rodeado de verdes campos de té, salpicados de trabajadoras que con sus sacos a la espalda recolectan las hojas de esta planta. Allí viviríamos uno de los momentos más especiales del viaje, nuestro encuentro con las trabajadoras de una plantación de té, que nos invitaron a compartir el "tea time", su momento de descanso para tomar un té. Sin conocernos, se abrieron a nosotros y nos contaron como era su jornada laboral y nos hablaron de su vida después del trabajo. Cerca se encontraba Lipton seat, la niebla truncó nuestro visita y decidimos regresar hasta la factoría de té Dambatene, donde se trabaja y elabora el té que se recolecta en las plantaciones cercanas.

trabajadoras te haputale
trabajadoras te haputale
trabajadoras te haputale



Desde Haputale, un abarrotado tren nos trasladó hasta Ella, un pueblo turístico que agolpa en su calle principal, cafés y restaurantes, pero más allá de esta calle atesora dos atractivos, Little Adams Peak, un pico rodeado de un paisaje increíble, del que puedes disfrutar en una pequeña caminata que te conduce a un mirador situado en lo alto y desde el que se tienen las mejores vistas del pico y de su bello entorno. De regreso al pueblo, un camino nos conduce al Puente de los nueve arcos, construido en la época colonial para soportar la vía férrea, en la actualidad sigue teniendo la misma utilidad, convirtiéndose en un punto de interés para cualquier visitante que busca captar la imagen de un tren pasando sobre el puente.

little adams peak
puente de los nueve arcos
campos te sri lanka



Kandy nos estaba esperando, el aire colonial de su centro histórico le dota de un encanto especial, con sus edificios bien conservados que se aglutinan en la calle principal, entre la torre del reloj y el lago. En el lado norte del Lago, se concentra la ciudad y los templos más importantes, el venerado Templo del Diente de Buda. Y dominando la ciudad desde lo alto de la colina, la imagen de Buda, Bahirawa Kanda, se hace visible desde cualquier punto. En Kandy, hay que callejear y perderse por sus calles, y visitar sus animados mercados, atestados de puestos de verduras y frutas, algunas de ellas con texturas y sabores desconocidos para nosotros.

gran buda kandy
templo diente buda kandy
mercado tradicional kandy



Nuestro último destino en Sri Lanka, sería el Triángulo Cultural. y Dambulla, nuestra base para conocer los tesoros de su patrimonio. En Sigiriya, visitaríamos la roca de Pidurangala, antes de iniciar la ascensión, hay que detenerse en su templo excavado en la roca que guarda la imagen de un buda reclinado y admirar los frescos que decoran sus paredes. Después te espera la subida de más de mil escaleras que te conducirán a la cima, al final del trayecto las escaleras desaparecen y hay que escalar, literalmente, entre las rocas para llegar arriba, te espera una amplia terraza con una vista panorámica de la Roca del León y la frondosa vegetación que la envuelve, un paisaje de ensueño, difícil de olvidar y que compensa la dura ascensión.

Pidurangala roca
roca del leon sigiriya
buda Pidurangala



Polonnaruwa nos esperaba al día siguiente, antigua capital del país, conserva los vestigios de alguno de sus edificios civiles y religiosos, su Palacio Real,  estanques, templos, estupas y una cueva-templo que acoge en su interior imágenes de Buda colosales y un gran Buda reclinado de 15 metros. Un paseo por la historia que superó nuestras expectativas, a pesar del intenso calor.

budas Polonnaruwa
Polonnaruwa estupa
Polonnaruwa ciudad antigua



El broche final del viaje lo pondría las Cuevas de Dambulla, un templo excavado en la roca, en la que se abren cinco cuevas, magníficas todas, la primera de ella, claustrofóbica, con un inmenso Buda reclinado de 14 metros, pero la segunda no te defrauda, es la más atrayente de todas ellas, decorada con varias estatuas de Buda en diferentes posiciones, una pequeña estupa le otorga un ambiente especial, ayudado por la tenue luz que penetra en la cueva, todo ayuda a crear ese halo espiritual que rodea la visita. El resto de las cuevas, guardan imágenes de Buda,  de algún rey e incluso alguna divinidad hindú, sin olvidarnos de las pinturas murales que decoran las paredes y techos de las cuevas, alguna de ellas bien conservadas.

cuevas dambulla
Cuevas de Dambulla

cuevas dambulla




Este viaje no hubiese sido posible, sin la ayuda del transporte público que utilizamos para desplazarnos por el país y que ha constituido una experiencia única. Sus míticos trenes, antiguos, impuntuales y abarrotados de pasajeros, nos han llevado por paisajes inolvidables que ejercían un efecto imán, que impedía que pudieses apartar la vista de la ventanilla y dejar de admirarlos. Y sin olvidarnos de los vendedores ambulantes que se paseaban por los estrechos pasillos del tren con sus cestas repletas de piña, cacahuetes, samosas o bebidas frías, aún cuando no tenían sitio para pasar y tenían que colarse entre los pasajeros de pie que llenaban el vagón. Y a la llegada, nos hemos bajado en estaciones como las de antes, con sus dependencias antiguas que atraen tu curiosidad. Y qué decir de sus buses, sus llamativos colores encierran un interior recargado, en el que siempre sueña música, a veces, demasiado alta, las ventanillas y puertas, siempre abierta, son su aire acondicionado y en los que ir sentado es una suerte, porque van llenos, pero llenos de verdad, con los pasillos repletos de pasajeros, mientras el cobrador se pasea de un extremos a otro para cobrar el billete a los nuevos pasajeros. Una forma de viajar por libre, difícil de olvidar.

vendedor tren sri lanka
estacion tren sri lanka
bus sri lanka





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